viernes, 11 de noviembre de 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

lunes, 24 de octubre de 2011

martes, 6 de septiembre de 2011

lunes, 15 de agosto de 2011

lunes, 11 de julio de 2011

sábado, 25 de junio de 2011

miércoles, 22 de junio de 2011

"vamos a seguir adelante"



"Porque quiero decirles algo a todos: yo siempre supe lo que tenía que hacer y lo que debía hacer; lo supe, inclusive, el 28 de octubre en este mismo lugar. No lo supe de inteligente ni de ambiciosa, lo supe cuando miles y miles, que pasaron por aquí a despedirlo por última vez, me gritaban “fuerza Cristina”. Y hoy todavía, cada vez más, ese “fuerza Cristina”, siempre supe, porque siempre he tenido un alto sentido de responsabilidad política, histórica y personal respecto de lo que debía hacer

....¡cómo yo voy a aflojar y no seguir adelante!
Por eso, como siempre, como hemos hecho toda la vida quienes militamos en el movimiento nacional, seguiremos trabajando con el compromiso en que hemos construido y hemos reconstruido también esta patria que merece el trabajo y el esfuerzo de todos los argentinos.
Mi compromiso es irrenunciable e irrevocable, no solamente por su memoria, por su legado, sino, fundamentalmente, por los jóvenes que tanto esperan de este nuevo país y en el que espero ser un puente entre las nuevas y viejas generaciones.
Creo que ese debe ser mi rol: un puente entre las nuevas generaciones y las anteriores y como yo, que tomamos la posta de otros y seguimos adelante para construir esta Argentina que estamos viviendo entre todos."

viernes, 10 de junio de 2011

"Hace apenas 10 años lanzábamos piedras y hoy estamos lanzando cohetes y satélites al espacio "



SE LANZO EL SATELITE SAC-D DESDE UNA BASE AEREA NORTEAMERICANA. SE TRATA DEL SATELITE MAS COMPLEJO Y MEJOR EQUIPADO FABRICADO JAMAS POR LA ARGENTINA. LA PRESIDENTA CRISTINA FERNANDEZ DESTACO LA TRASCENDENCIA HISTORICA DEL ACONTECIMIENTO


Argentina será el primer País en tener un pabellón exclusivo en la Biennale di Venezia.


Cristina recibe la llave del Pabellón Argentino en la bienal de arte más importante del mundo.

domingo, 29 de mayo de 2011

La audacia sin cálculo

La audacia sin cálculo

Antes que en 6,7,8, Beatriz Sarlo había expuesto su impugnación al kirchnerismo en un libro. Con escaso sustento fáctico alaba al ex senador Duhalde, ignora el compromiso de Kirchner con los derechos humanos previo a su presidencia, minimiza el reto del poder agromediático, desconoce la cronología del conflicto con Clarín, atribuye a Kirchner la ley de comunicación audiovisual con menosprecio machista por CFK y subestima la calidad del debate que la precedió y la coalición que la sustenta.

Por Horacio Verbitsky

Néstor y Cristina en 1983, durante un acto de campaña en el que se reclamó juicio y castigo por los crímenes de la dictadura militar. Beatriz Sarlo desconoce esos hechos y sostiene que ese fue un discurso adoptado en 2003 para legitimar a un gobierno débil.

La visita de la ensayista Beatriz Sarlo al programa 6,7,8 tuvo una merecida repercusión. Introdujo en un medio tan ubicuo y paupérrimo como la televisión un debate político necesario, lo cual merece todo encomio, para la invitada y sus anfitriones. Si no pudieron profundizar los temas discutidos, fue antes por las limitaciones intrínsecas del medio que por deficiencias de ellos. Más propicio para ese fin son el papel y la letra impresa. Lo que sigue no es un comentario del último libro de Sarlo(1), que contiene opiniones sobre medios y estilos de comunicación, sino apenas una discusión de aquellos tramos en los que plantea algunas cuestiones políticas.

El campo del debate

Sarlo afirma que “el campo” no había sido enemigo de Kirchner “hasta la resolución 125” y después se convirtió en su “enemigo principal”, cuando en realidad sólo se trataba de una “mera disputa por la renta”. Agrega que “hasta el enfrentamiento con el Grupo Clarín, cuyo inicio coincide con el conflicto con el campo, el kirchnerismo no había agitado la necesidad de una nueva ley de medios audiovisuales. No era una cuestión de principios ni una cuestión programática. Iniciado el conflicto con Clarín se convirtió en ambas cosas”. También sostiene que desde que Kirchner favoreció al grupo con la extensión de licencias “no había sucedido otra cosa que el cambio de línea editorial del diario”, por lo cual la ley de medios de comunicación audiovisual habría constituido una mera venganza. De este modo, y sin más trámite, desdeña la magnitud y la gravedad del desafío que la oligarquía diversificada (según la definición de Eduardo Basualdo) planteó en la disputa por las retenciones que, tal como Sarlo sostiene, adquirió una dimensión simbólica. En ella se jugaba el destino de la democracia en la Argentina, agrego yo. Es imprescindible recordar que el Grupo Clarín no sólo es socio de La Nación y de las patronales rústicas en la megaferia Expoagro, en la que se cierran cada año negocios por 300 millones de dólares, sino que desde la Asociación Empresaria AEA conduce junto con la trasnacional italiana Techint a la fracción dominante del capitalismo en la Argentina, que dos de sus voceros, Hugo Biolcati y Mariano Grondona, vaticinaron entre chanzas que Cristina no terminaría su mandato y que, una vez fracasado ese intento, el CEO del Grupo, Héctor Magneto, reunió en su casa a los jefes de la oposición política para urgirlos a encontrar una combinación electoral que permitiera derrotar al gobierno. Sarlo realiza una crítica cultural a partir de afirmaciones e imágenes instaladas por ese mismo poder agromediático. La inteligencia de su especulación intelectual no puede suplir tamaña falla de origen en los cimientos de la obra, que pierde densidad al rebajar a la autora al nivel de sus interesadas fuentes.

Licencia para divagar

La prórroga por diez años de todas las licencias de radiodifusión, dispuesta en mayo de 2005 por el decreto 527, no fue un favor al Grupo Clarín (que acababa de renovar las suyas) sino a sus competidores de los canales de televisión 2 y 9, que las tenían a punto de vencer y para colmo estaban en convocatoria de acreedores. Esto era causal de extinción de las licencias, según el artículo 53, inciso c, de la ley de radiodifusión 22.285 vigente entonces. En tal caso, Clarín reinaría sin competencia, dado que el restante canal de aire, en manos de la española Telefonica, se abstenía de cualquier intervención política. El entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, intercedió ante Telefonica para que condonara o refinanciara la deuda que Daniel Hadad contrajo al adquirir el canal 9, como informó este diario oficialista el 26 de diciembre de 2004. Cuando esas gestiones fracasaron, Kirchner acudió a la prórroga de las licencias. De ese modo revalorizó a los contrincantes del Grupo Clarín y los rescató de la quiebra. Es decir que ya en el segundo año de su presidencia, Kirchner estaba prevenido contra la enorme concentración de poder mediático en un solo grupo, que además procuraba expandirse al campo de las telecomunicaciones, para lo que solicitaba el apoyo oficial. Que no lo haya enfrentado entonces obedece a debilidad objetiva y subjetiva. “Hay cosas que no me animé a hacer, para no de-sestabilizar, para no profundizar, y que, gracias a Dios, Cristina las está haciendo”, dijo en enero del año pasado (“Hombre de la Plaza Rosada”, Página/12, 10 de enero de 2010). Una vez más, la cronología ayuda a comprender los procesos. En diciembre de 2007, tres días antes de su conclusión, el gobierno de Kirchner había autorizado la operación conjunta de Cablevisión y Multicanal, si se cumplían las condiciones de desmonopolización señaladas por el Tribunal de Defensa de la Competencia. El 4 de abril de 2008, a diez días del primer lockout agropecuario, la presidente recibió a los directivos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y el 16 de abril a los miembros de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, quienes le presentaron los “21 puntos por el Derecho a la Comunicación”en los que desde 2003 trabajaron 300 organizaciones sociales y cooperativas, sindicatos, universidades, organismos de derechos humanos, asociaciones de radiodifusores y radios comunitarias y le solicitaron que reformara la vetusta ley de Radiodifusión, sancionada por Videla en 1980 y empeorada por Menem diez años después.

Un año de debate

Transcurrió un año de debates, seminarios, foros, mesas redondas, en los barrios, los sindicatos, las universidades, Concejos Deliberantes y Legislaturas provinciales antes de que CFK presentara su primer anteproyecto, que recién se convirtió en proyecto de ley luego de otro semestre de apasionados foros regionales realizados en todo el país. También las dos cámaras del Congreso realizaron sendas rondas de consulta con las organizaciones de la Coalición y con aquellas que representaban a los intereses económicos en juego, incluyendo a las autoridades del Grupo Clarín, que se negaron a concurrir aduciendo que las decisiones ya estaban tomadas. No hay otra ley discutida con tan alto grado de participación en la historia argentina, y sólo el Código Civil del siglo XIX puede competir con ella en cuanto a anotaciones de legislación comparada. Con una desventaja: aquel Código fue obra de un solo hombre, Dalmacio Vélez Sarsfield, y se aprobó a libro cerrado en el Congreso. Podría decirse que Cristina se apropió de las propuestas para la democratización de las comunicaciones que elaboraron las organizaciones fundadoras de la Coalición y que tenían un antecedente fundamental en los proyectos del ex presidente Raúl Alfonsín, elaborados por el Consejo para la Consolidación de la Democracia pero nunca aplicados, como tantas otras buenas iniciativas de aquel malogrado gobierno. Más costaría fundamentar qué tiene de malo que un gobierno elegido por el voto popular adopte las reivindicaciones que provienen de los sectores más avanzados de su propia base electoral. Lo mismo hizo Cristina con la Asignación Universal por Hijo, que también surgió de fuerzas políticas y sociales ajenas a la propia y que durante años fue resistida por el gobierno. La laboriosa ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y su hermano presidente objetaban ese tipo de transferencia directa de ingresos, y en su lugar privilegiaban la reducción del desempleo, para que cada cual se ganara con mayor dignidad el sustento. Pero, igual que en otros campos, fue el éxito de esa política (con la creación de cinco millones de puestos de trabajo y la caida del desempleo a los niveles de hace un cuarto de siglo) el que puso en evidencia sus limitaciones y la necesidad de superarlas. Cristina pudo adoptar la AUH porque antes había recuperado el sistema previsional, convertido por Menem y Cavallo en un negocio financiero para los grandes bancos, que con ese dinero financiaban a altas tasas los déficit del Estado, consecuencia de esa misma privatización. Esta capacidad de reconocer los problemas y el desprejuicio para adoptar las soluciones ideadas por otros es una clave de la vitalidad del kirchnerismo, que no debería suscitar rechazo en quienes valoran el diálogo y los consensos.

Derechos y humanos

En un capítulo importante de su libro, Sarlo dice que Kirchner encontró en la reivindicación de los derechos humanos una fuente de legitimidad ya “que había llegado al gobierno cautivo de su propia debilidad”. Se trataría de una operación política, comenzada en su discurso inaugural cuando “recordó a los militantes asesinados” que en Santa Cruz nunca habían recibido “el menor homenaje de su parte”. Así habría puesto fin a “una amnesia política que había durado mucho tiempo”. Habría dramatizado de ese modo “una puesta en escena de una alianza entre las organizaciones de derechos humanos y el presidente”, con quienes Kirchner “se inventa una relación”. Sarlo dice que al pedir perdón en nombre del Estado Nacional el 24 de marzo de 2004 en la ESMA, “por la vergüenza de haber callado durante veinte años de democracia tantas atrocidades”, Kirchner dio “un paso principal en su propia invención política”. Con una entonación psicologista comenta: “Él, que no se había ocupado de los derechos humanos hasta llegar a la presidencia, transfería ese lapsus al Estado argentino y a otro presidente, Raúl Alfonsín, que había hecho su campaña electoral comprometiéndose a juzgar a los comandantes responsables de los crímenes de la dictadura”. Concluye que esa omisión le evitó “el incómodo recuerdo de que él mismo votó, en 1983, a un partido justicialista que consideraba legal la autoamnistía que se habían otorgado los militares”. El oficio de la crítica literaria, que Sarlo practica con general beneplácito, no soporta bien su traslado a la política, como bien saben quienes admiraron la obra de David Viñas, porque esta materia no se circunscribe a un texto fijo ofrecido a la interpretación del lector, según establecieron Hegel y Perón. Por el contrario, es tan huidiza que, con toda probabilidad, Sarlo no conocía al escribir su libro el discurso que Kirchner pronunció en el Ateneo Juan Domingo Perón, durante la campaña para elegir el candidato justicialista a la intendencia de Río Gallegos en 1983. Allí dijo que “la represión de la dictadura militar ha ensangrentado a todo el pueblo argentino” y que “siempre dijimos que Videla y Massera y Agosti, y todos los sinvergüenzas que vinieron después, iban a ser sentados en el banquillo de la justicia constitucional para que respondan ante tantos abusos y ante tantos crímenes cometidos contra este pueblo”. La observación de Sarlo sobre la posición del candidato justicialista a la presidencia en 1983, Italo Luder, es de estricta justicia, pero no puede reclamársele a Kirchner, quien recién en 1991, después de las amnistías de Alfonsín y los indultos de Menem, accedió a la gobernación de su provincia, una posición desde la que no es posible modificar asuntos que pertenecen a la escena nacional. El discurso completo pronunciado por el joven Kirchner a sus 33 años puede encontrarse en http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=siuGYpy-G3A#at=120 . Hay un bonus track: la presentación del orador por la también jovencísima Cristina Fernández, que está despertando pasiones retrospectivas en la web.

Floja de papeles

“A diferencia de los radicales”, dice también Sarlo, “los peronistas ‘se meten’ con los medios, los favorecen, los acosan o los cortejan, fundan medios y los financian”. Es una afirmación incomprensible en alguien que haya vivido en la Argentina durante las presidencias de Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín. Lo que les faltó no fue desprejuicio, sino eco popular. La principal diferencia entre El Nacional y Tiempo Argentino, entre los “Bueyes perdidos” de Mario Monteverde y 6,7,8, está en la eficacia, y ésta no depende sólo de las calidades personales o profesionales de sus responsables, sino de la índole de los respectivos gobiernos que defendieron.

Equivocaciones menores de Sarlo confirman la impresión de una exégesis teórica presuntuosa, edificada sobre una base fáctica que conoce mal. Por ejemplo, al referirse a las elecciones de 2005, en las que Kirchner decidió confrontar con quien lo había impulsado al gobierno, dice que “en la madrugada de la victoria, entre gallos y medianoche, abandonaron a Duhalde y se hicieron kirchneristas los fieles Díaz Bancalari y Pampuro, nombres importantes del derrotado peronismo bonaerense”. Es cierto que Díaz Bancalari era el compañero de fórmula de Hilda González en el Partido Justicialista, pero Pampuro fue quien lo venció, como segundo de la boleta que encabezaba Cristina Fernández. Sorprenden también las alabanzas al ex senador Eduardo Duhalde, quien durante unos meses de 2002 y 2003 ocupó en forma interina la presidencia. Dice que “practicó la moderación hasta que la policía, en un episodio oscuro, asesinó a los militantes Kosteki y Santillán”. Sólo las distintas acepciones del adjetivo impiden calificarlo de escandaloso: el gobierno de Duhalde preparó en forma cuidadosa esa emboscada, con el propósito de dar un escarmiento a las fuerzas sociales movilizadas en aquellos días, con informes falsos y tremendistas elaborados desde la SIDE por su ministro Carlos Soria y presentados a la Justicia por su ministro Jorge Vanossi. Antes, había presionado a la Justicia federal para que encarcelara a Cavallo y a varios banqueros, ofreciéndolos a la vindicta pública. Según Sarlo, el moderado Duhalde trabajó “en la reparación de un país en ruinas, donde la palabra incendio no era una hipérbole sino una imagen descriptiva bastante realista”. Ni una línea en las 235 páginas del libro menciona la brutal transferencia de ingresos, de los sectores subordinados a las mayores empresas, provocada por la mayor devaluación del tipo de cambio real de la historia y por la pesificación asimétrica dispuesta en aquel nefasto gobierno, sin el cual la devastación de la década anterior no hubiera terminado de ejecutarse. Sin duda, se trata de un libro audaz, escrito con más pasión que cálculo.

(1). Beatriz Sarlo, Kirchner 2003-2010. La audacia y el cálculo, Sudamericana, 2011.

martes, 12 de abril de 2011

“Parecen humanos, pero no lo son”

Estela de Carlotto vio a su hija Laura por última vez el 1º de agosto de 1977. Movió cielo y tierra en su búsqueda, hasta que a fines de octubre del año siguiente recibió un llamado de la comisaría de Isidro Casanova. Le pedían que se presentara, y “oportunamente” le “notificarían” por qué. Allí fue con su marido. “Fue un viaje interminable”, contó, en el que pensaron desde lo peor hasta lo más esperanzador, al punto de ilusionarse con “que encontraríamos a Laura y su hijo”. Pero lo que hallaron fue el cuerpo de ella sin vida. Estela atinó a levantar los diarios que la cubrían, y sólo vio su vientre perforado, cubierto de pólvora. “Se ve que le dispararon para no dejar rastros del embarazo”, dijo, ya que había dado a luz dos meses antes, en cautiverio. “Cuando pregunto dónde está el bebé, me dicen ‘aquí no hay bebé’ (...) Yo no suelo elevar el volumen de mi voz, pero en ese momento no pude más y (al guardia) le grité ‘¡asesino!’ y le señalé el crucifijo que tenía en la pared y le dije ‘¡El los va a juzgar, asesinos!’” Carlotto todavía busca a su nieto, uno de los 34 casos de menores apropiados durante la última dictadura que están siendo juzgados por el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6), donde la titular de Abuelas de Plaza de Mayo declaró ayer. “Pensaron que al entregarme a mi hija muerta de 23 años me iban a aniquilar. Lejos de eso seguí luchando con la fuerza del amor (...) seguí con las Abuelas”, dijo. “Mi compromiso, por el que hoy estoy acá, es para demostrar que hubo un plan sistemático de apropiación, para contar cómo ocurrieron las cosas, porque tenemos pruebas de todo lo que afirmamos. Para que la historia se cuente como fue y para que no se repitan estas atrocidades”, dijo Carlotto ante el tribunal. “A estos hombres que reivindican los delitos que cometieron y no nos dicen dónde están nuestros nietos, espero que les caiga todo el peso de la ley”, afirmó, en alusión a los represores que están en el banquillo por el robo de hijos de desaparecidos: los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, Jorge “el Tigre” Acosta, Santiago Omar Riveros, Rubén Franco, Antonio Vañek, Juan Azic y el médico Jorge Magnacco, a cargo de los partos en la ESMA. “Parecen humanos pero no lo son”, dijo la presidenta de Abuelas. Carlotto había empezado a declarar el 30 de marzo, pero su testimonio quedó trunco por un corte de electricidad. El nombre de Bignone apareció más de una vez ayer en su relato, cuando recordó que en la búsqueda de su hija –y también de su marido, que estuvo secuestrado– había llegado a entrevistarse con él. La segunda vez, a mediados de diciembre de 1977, le advirtió: “Si mi hija ya está muerta, devuélvanme el cuerpo”. El 31 de diciembre de aquel año recibió una carta anónima en la que le decían que Laura estaba bajo la órbita de las fuerzas de seguridad. El día que la citaron a la comisaría para avisarle del fallecimiento de su hija estaba junto al cuerpo de un joven NN. Tenían los cadáveres en una furgoneta. En el cementerio, un empleado se quejó de que todo el tiempo le llegaban cuerpos sin identificación, que enterraba como NN. En un viaje a Brasil junto con otras Abuelas, recordó Carlotto, pudo empezar a reconstruir lo que le había pasado a su hija. En ese país, en 1980, estuvo con ex detenidos que habían estado con mujeres embarazadas en centros clandestinos de detención. Alcira Ríos le contó que había estado en La Cacha (en la localidad de Olmos) con una chica a la que llamaban Rita, que era el apodo de Laura, y que había tenido un varón y había podido pasar cinco horas con él. Estela le mostró una foto y confirmó que se trataba de su hija. Alcira, relató Estela, le dio la buena noticia sobre el nacimiento de su nieto y ella tuvo que contarle que a Laura la habían matado. Recordó también que, como una burla, dos días después de enterrarla recibió la respuesta al recurso de hábeas corpus que había presentado en la Justicia: “No se encuentra detenida y se desconoce su paradero”. En parte de su declaración, Carlotto recorrió ante el TOF6 –que preside María Roqueta– la lucha de las Abuelas desde sus inicios, cuando se juntaban en La Plata, luego en la confitería Las Violetas –simulando algún festejo– y hablaban por teléfono en código. Se refirió a sus gestiones incesantes ante autoridades civiles, judiciales, militares y eclesiásticas, donde la respuesta era el silencio o, peor, la amenaza. Recordó que en la búsqueda de su nieto había ido a la Casa Cuna. En realidad, en ese momento pensaba que podía ser una beba. Preguntó por un caso cuyas características podían ser coincidentes con los de su nieto/a y dijo que podía ser su abuela. La niña ya no estaba, y Estela pudo ver en el libro de la mesa de entradas el nombre del juez de menores a cargo: Gustavo Mitchell, actual integrante de la Cámara de Casación Penal. “Voy a hablar con el juez y no me recibió, me mandó alguien de su custodia, le dije quién era y me dijo que no me iba a recibir y que me cuidara porque por lo que hacía podía aparecer en una zanja. Se lo dije y él no me lo desmiente. Me dice que lo hizo para que no me pase nada, pero en el contexto que se vivía descreo que fue para cuidarme”, aseguró Carlotto. Hubo un reconocimiento sobre los niños hijos de desaparecidos que, recordó la titular de Abuelas, corrió por cuenta del ex jefe de la policía bonaerense Ramón Camps, que en declaraciones a un medio español dijo: “Yo mandé a matar cinco mil subversivos pero ningún niño”. Se refirió a que había hecho entregar algunos de ellos “a organismos de beneficencia para que les encontraran nuevos padres (...) los padres subversivos educan a sus hijos para la subversión”. Su hija Laura, dijo Estela ayer, era “la muestra de que las mamás luego de dar a luz (en los centros clandestinos) eran asesinadas”. “Sobre su tumba prometí que seguiría luchando por su justicia y por la de sus 30 mil compañeros”, dijo. Destacó a las Abuelas de Plaza de Mayo como una organización única en su especie, en el mundo, y que cuenta entre sus grandes logros con la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, clave en la búsqueda y el hallazgo de 103 chicos (hoy jóvenes) apropiados. “No queremos revancha, solamente justicia para que se escriba la historia con toda la verdad (...) La justicia será la única forma de que esta democracia sea permanente y que no se repitan estos crímenes.”

sábado, 19 de marzo de 2011

Las flores de Catamarca

Por Alicia Kirchner *

En Catamarca ganamos los argentinos porque triunfó el reconocimiento de un pueblo a la recuperación de un proyecto nacional que tiene al federalismo como principio articulador de su crecimiento y desarrollo.

Para quienes conocemos la realidad política y social de la provincia no fue una sorpresa la victoria de Lucía Corpacci, como tampoco desde una mirada nacional nos sorprende el comportamiento de las corporaciones monopólico-mediáticas que inmediatamente comenzaron a de- sacreditar el triunfo del Frente para la Victoria Catamarqueño. Corporaciones que en alianza con intereses económicos, intentan sistemáticamente obstruir el desarrollo, consolidación y, en este caso, la “descentralización” del proyecto nacional y popular de la mano del federalismo.

El pueblo catamarqueño quiere sentirse parte de la Argentina y estar a la altura del momento histórico que vivimos, confía y es consciente del cambio en las políticas del gobierno nacional a partir del 25 de mayo del 2003. Habló claro a través de las urnas el pasado domingo. El oportunismo político de adelantar las elecciones provinciales con la intención de debilitar el proyecto nacional en Catamarca, y desde ahí esmerilar la elección presidencial, evidenció falta de lectura de la realidad política nacional, más aún de la comprensión de lo que realmente se está discutiendo en estas elecciones.

La nueva gobernadora electa, Lucía Corpacci, fue elegida por los catamarqueños porque visualizaron en ella la expresión política del proyecto nacional en la provincia. La legitimidad de su fuerte trabajo territorial y su compromiso en tratar de revertir en Catamarca las asimetrías en términos sociales y económicos marcan una clara coherencia y sintonía con esa misma legitimidad que construyeron en primer lugar Néstor Kirchner y posteriormente Cristina Fernández de Kirchner. Corpacci supo imprimir ese compromiso transformador y entrega para con su pueblo a través del desarrollo en la provincia de las políticas sociales del Ministerio de Desarrollo Social bajo mi responsabilidad política institucional y posteriormente su vocación militante la expresó a través de las funciones en los poderes Ejecutivo y Legislativo.

La participación de una nueva generación política imprimió un impulso decisivo el último domingo, participación no sólo expresada en la figura del vicegobernador electo Dalmacio Mera, sino en la activa militancia de los jóvenes durante la campaña, en la elaboración de las propuestas de gobierno y en la masiva concurrencia juvenil en la votación del domingo. Expresión de la militancia de la nueva Argentina que nuestra Presidenta define como “la generación del Bicentenario que tiene la oportunidad esta vez de escribir su propia historia y ser el sujeto social que profundice este modelo de país”.

El partido radical debe saber leer y comprender en profundidad el momento histórico que transita nuestro país, realizar una fuerte autocrítica de su alineamiento ideológico como propuesta política, en relación con la representación que desea asumir y los caminos para lograrla. O se ubica en los senderos de las mayorías populares y construye en ese sentido o se coloca en la funcionalidad a los intereses económicos monopólicos que buscan el regreso al neoliberalismo.

Nuestro movimiento nacional abre las puertas a todas las expresiones políticas que coincidan en los ideales de independencia económica, soberanía política y justicia social; el radicalismo, en algunos momentos de la historia, supo coincidir con estos ideales. Cuando se alejó, el pueblo argentino vivió sus horas más difíciles; la peor crisis económica, política y social que sufrió nuestro país en el año 2001 quedó marcada en la memoria colectiva; el comportamiento de muchos de sus dirigentes en los últimos años también quedará inscripto en las páginas grises de la historia.

Como decía el general Juan D. Perón, “es la hora de los pueblos” y no de las corporaciones económicas. Esperemos que el radicalismo supere la crisis de identidad que sufre desde hace muchos años y retome los ideales democráticos populares que supo defender. Es hora de reflexionar, el pueblo avanza.

Construir un país que se articule desde el desarrollo de las economías regionales, que imprima una matriz productiva diversificada, que revierta las fuertes asimetrías al interior profundo de las provincias que los proyectos oligárquicos liberales impusieron a sangre y fuego a lo largo de la historia de los siglos XIX y XX necesita del apoyo popular de todos los argentinos de todas las provincias. Catamarca demostró al país el último domingo qué proyecto de provincia y país está dispuesta a construir.

lunes, 14 de marzo de 2011

Batacazo K en la primera elección del año


Por Sebastian Abrevaya

Desde Catamarca

Los dueños del batacazo: el nuevo intendente, Raúl Jalil, junto a la gobernadora electa y su vice, Lucía Corpacci y Dalmacio Mera.
Imagen: Télam.
En una jornada histórica, el Frente para la Victoria rompió anoche con 20 años de hegemonía del Frente Cívico y Social en Catamarca. Respaldándose en la imagen de la presidenta Cristina Kirchner, la senadora nacional Lucía Corpacci se convirtió en la primera gobernadora mujer de Catamarca, derrotando al radical Eduardo Brizuela del Moral, que aspiraba a su re–reelección. El vicepresidente Julio Cobos había viajado a la provincia, avisó, a acompañar a su amigo “en la victoria o en la derrota”. Mientras en el bunker del FpV cantaban eufóricos la Marcha peronista, en el Comité provincial militantes de la UCR lloraban su derrota. Al cierre de esta edición, el peronista Raúl Jalil también ganaba la intendencia de la capital provincial, tradicionalmente un bastión del Frente Cívico.

“Le dedico el triunfo a la Presidenta. Con esta victoria ganamos todos, gana Cristina, gana Lucía y gana Catamarca”, aseguró Corpacci en conferencia de prensa, luego de considerar “irreversible” la diferencia de cuatro puntos que obtenía alrededor de las 23. La senadora ratificó además su respaldo a la candidatura presidencial de Cristina. “Independientemente de nuestro triunfo, la Presidenta tiene todo para ser la candidata. La gente le reconoce sus políticas sociales de inclusión”, agregó.

Al referirse a los ocho meses que deberá esperar el kirchnerismo para asumir formalmente el poder, Corpacci sostuvo que van a “colaborar” con el mandatario saliente. “Nosotros somos democráticos”, insistió. En un discurso centrado y tranquilo, la senadora evitó cuestionar a Cobos y consideró “lógico” que viniera a acompañarlo a Brizuela del Moral. “Sentimos una enorme responsabilidad, una enorme alegría y un orgullo inmenso”, concluyó Corpacci, quien dijo que no debería ser distinto que el gobierno esté en manos de una mujer o de un hombre.

En 1991, cuando el gobierno de Ramón Saadi fue intervenido por el caso del asesinato de María Soledad Morales, el peronismo quedó relegado del poder por dos décadas. A las 23.30, con el 96,6 por ciento de las mesas escrutadas, la fórmula Corpacci-Dalmacio Mera obtenía el 48,24 por ciento de los votos, mientras que Brizuela del Moral-Ricardo Guzmán alcanzaban el 44,16 por ciento. La hermana del sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, Liliana Barrionuevo, quedó en un muy lejano tercer puesto y ni siquiera alcanzó a entrar como diputada provincial, lista que también encabezaba. “Sabíamos que ganábamos”, dijo Corpacci al ingresar a una alborotada conferencia de prensa poblada de bombos y banderas.

Para alcanzar la victoria, fue clave la buena elección del FpV en la capital, que concentra casi el 50 por ciento de la población provincial. Por un margen estrecho, el peronista Raúl Jalil le ganó a Luis Fadel, el candidato del FCyS. Otro distrito clave fue Valle Viejo, donde se consagró intendenta la dirigente social Natalia Soria.

Desde la quinta de Olivos, la Presidenta se comunicó con Corpacci y con Dalmacio Mera para felicitarlos por la victoria, y se espera que en los próximos días la gobernadora viaje a Buenos Aires para reunirse con ella. Corpacci y CFK mantienen además un vínculo familiar, ya que el esposo de la catamarqueña, Angel Mercado, es el sobrino del dirigente local Armando “Bombón” Mercado, ex esposo de Alicia Kirchner y ex cuñado de Néstor Kirchner. “Borom bom bom, borom bom bom, para Cristina la reelección”, cantaron interminablemente en el Hotel Ancasti, donde el FpV tenía su bunker de campaña. No faltaron, además, cánticos para el vicepresidente: “Un minuto de silencio, para Cobos que está muerto”.

En medio de la fiesta kirchnerista, reapareció Ramón Saadi para reclamar su cuotaparte en la victoria. “Yo participé como militante y como dirigente de un sector importante”, remarcó. A la euforia que se vivía en la plaza principal y en el bunker se sumaron varios dirigentes nacionales: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; el de Entre Ríos, Sergio Urribarri; y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que cerca de las 10 de la noche se subió al Tango 01 para llegar, aunque sea tarde, a celebrar.

Recién a las 23.30, el gobernador habló para reconocer la derrota. “La tendencia es irreversible”, dijo Brizuela del Moral visiblemente amargado. Ya se había comunicado con Corpacci para felicitarla y hablar de una “transición ordenada”. El recientemente renovado Comité provincia era la contracara del kirchnerismo. Cuando todavía no se conocía una tendencia firme, ya se podía percibir el clima de tristeza en los pocos dirigentes que se encontraban allí. A medida que fueron llegando los cómputos oficiales, la tristeza se fue profundizando hasta llegar a las lágrimas.

Además de Cobos, el presidente del Comité Nacional, el alfonsinista Angel Rozas, y el precandidato presidencial Ernesto Sanz viajaron a Catamarca. Tanto Rozas como Sanz prefirieron el bajo perfil y no hicieron declaraciones tras la derrota.

Por la tarde, cuando apenas cerraron los comicios, había comenzado la guerra de boca de urna, como una repetición de lo que habían sido los últimos días de la campaña, en los que tanto desde el Frente Cívico y Social como del Frente para la Victoria se adjudicaban una estrecha ventaja. Un encuestador del FpV dio una ventaja de 2,5 puntos según sus cómputos. Inmediatamente, el ministro de Gobierno provincial, Javier Silva, salió a responder por medio de una importante radio local: “Ganamos por 5 puntos”, aseguró, sin dar demasiadas precisiones. Lo mismo señalaban voceros de la gobernación: “No menos de cuatro puntos a favor nuestro”.

La única vez que se lo escuchó al gastronómico Luis Barrionuevo fue bien temprano, cuando fue a votar. Fiel a su estilo provocador, dijo que se iba a sentir “muy feliz” si perdía el kirchnerismo. Además cargó contra el acuerdo electoral alcanzado entre el PJ local y el kirchnerismo. El líder de la CGT Azul y Blanca vaticinó que “se va a ver una visión diferente del PJ”, una vez que gane el Frente Cívico. “El lunes tenemos que comenzar con una reestructuración del peronismo”, anticipó. Barrionuevo, triste, no volvió a hacer declaraciones.

martes, 8 de marzo de 2011

domingo, 27 de febrero de 2011

El hambre de democracia

Por Peter Popham *

La revolución avanza. Mientras Khadafi suelta a sus matones y mercenarios para la pelea final en las calles de Trípoli, hay varias muertes en Irak a medida que las protestas se hacen más duras. El rey Abdulá de Arabia Saudita intenta sobornar a sus súbditos con una coima de 35.000 millones de dólares en viviendas, servicios sociales y becas. Ahí nomás en Bahrein sueltan presos políticos pero la situación no se calma. En Irán, el presidente Ahmadinejad no para de hablar, encantado, sobre el caos en el mundo árabe, sin mencionar el creciente odio en su propio país. La oposición en Yemen gana fuerza cada día.

Y no es cosa del Medio Oriente nada más. Es una crisis africana: Túnez, donde todo empezó, es un país africano y esta semana un desesperado veterano de guerra se quemó vivo frente al palacio presidencial de Senegal, imitando a Mohamed Bouazizi, el vendedor ambulante cuyo suicidio disparó la revolución tunecina. El espíritu de la revuelta se extiende como un incendio a media docena de naciones africanas desgobernadas, con serios disturbios en Mauritania, Gabón, Camerún y Zimbabwe.

Nadie está a salvo. Docenas de activistas chinos siguen detenidos o bajo vigilancia, y el gobierno cerró la red LindedIn para evitar protestas al estilo árabe. En lo que debe ser el régimen más represivo del planeta, Corea del Norte, el ejército reprimió una protesta en Sinuiji matando a cinco personas. Y no fue la única ciudad en manifestarse. Los generales que gobiernan Burma detrás de un fino barniz institucional no sacan el ojo de Medio Oriente, listos para volver a encarcelar a Aung San Suu Kyi a la primera señal de manifestaciones.

Nadie es inmune a esta ola de rebelión porque la globalización es un hecho. Los mercados están conectados de un modo íntimo y los problemas de uno enseguida se transforman en la furia del otro. Hace veinte años, las cosas eran más manejables. Cuando la producción de granos de la Unión Soviética se cayó en los años ochenta y un país que había sido exportador de granos tuvo que importarlos, el resultado fue la caída del sistema en unos pocos años. Pero eso fue todo. Hoy no hay esos diques y, gracias a las comunicaciones digitales, las cosas se aceleraron.

¿Por qué ahora? Hay varias explicaciones en oferta: nuevas poblaciones urbanas con educación y sin empleo, décadas de resentimiento acumulado contra lo que Peter Bergen, de la New American Foundation, define como “cleptocracias autoritarias y endogámicas que no saben gobernar”, Facebook y Twitter subvirtiendo el control de la población.

Lo que no aparece en la lista, para el asombro y alivio de EE.UU. y Europa son las cosas que se suponía eran la base del populismo árabe: el fundamentalismo islámico combinado con antisionismo y antiamericanismo. Como destacó un egipcio tras la caída de Mubarak, en ningún momento en las semanas de disturbios se le ocurrió a alguien atacar las embajadas de Israel o de Estados Unidos, aunque están a unas cuadras de la plaza Tahrir. “Ni siquiera les tiraron una botella de Coca”, dijo.

Claro que esto no significa que los aliados de Al Qaida no vayan a tratar de aprovechar el caos en Libia, tratando de que sea una Somalia en el Mediterráneo. Y nada garantiza que estas revueltas resulten en democracias. Es que la raíz verdadera de estos eventos, más allá de las discusiones sobre redes sociales, es un problema que va a empeorar en los años próximos, un problema que nadie puede realmente controlar.

La primera advertencia fue un documento publicado en diciembre en la página de la FAO, la organización dedicada a la alimentación y la agricultura de la ONU. “Los recientes episodios de extrema volatilidad de precios en los mercados agropecuarios internacionales anuncian riesgos crecientes y más frecuentes para la seguridad alimentaria del mundo. Hay un creciente consenso sobre que el sistema global de producción de alimentos es más vulnerable y susceptible a episodios de extrema volatilidad de precios. A medida que los mercados se integran en la economía mundial, los cambios en la arena internacional pueden ahora trasladarse y propagarse a los mercados locales de un modo más rápido.”

Estos cambios ocurrieron lejos de El Cairo y de Trípoli. Incluyeron incendios en Rusia que destruyeron cientos de miles de hectáreas de granos, fuertes lluvias en Canadá que arruinaron la cosecha de trigo, un verano caluroso y seco en Argentina que disminuyó la cosecha de soja,

inundaciones en Australia que arrasaron el trigo. Medio Oriente, con su superpoblación y sus desiertos, importa la tercera parte del trigo del mundo. El efecto combinado de estos problemas en los países productores le creó una inflación en la canasta alimentaria del 32 por ciento en el segundo semestre de 2010.

La FAO atribuye esta volatilidad extrema de los precios a los desastres naturales como los terremotos, tsunamis y ciclones. “Históricamente, los episodios de extrema volatilidad son raros. Como los desastres naturales, tienen una baja posibilidad de ocurrir pero crean grandes riesgos y costos a las sociedades que los sufren.”

A comienzos de 2008 ocurrió otra cadena de problemas similar que causó disturbios por el precio de los alimentos en cuarenta países, de Haití a Bangladesh, pasando por México, Uzbekistán y Eritrea, además de otros que volvieron ahora a las primeras planas, como Yemen, Egipto, Marruecos, Mauritania, Senegal y Zimbabwe. Estos son parte de la lista de 80 países que combinan bajos ingresos con poca producción de alimentos, lo que los deja particularmente expuestos a las fluctuaciones de precios. En esos países, importar alimentos puede llevarse el 70 por ciento de los ingresos. Cuando el precio de las harinas y los granos sube un 30 por ciento, el resultado es extremadamente duro, tan duro que la gente sale a la calle.

El jefe del equipo económico de la FAO, Abdolreza Abbassian, anunció a su manera seca y académica el desorden que venía. “Se está poniendo incómodo”, dijo en diciembre. “Varios países, especialmente países pobres, dependen demasiado de los mercados internacionales y tienen que importar alimentos a precios mayores. No es posible predecir si esto producirá disturbios como los que vimos en 2008.”

Para los pobres de Medio Oriente, la suba de precios de comienzos de este año fue como un segundo terremoto en tres años. Pero al contrario de con un terremoto, esta vez había a quién echarle la culpa. Tan central era el problema, tan grande la furia, que cuando las marchas desbordaron las calles de Túnez el presidente Zine el Abidine Ben Ali declaró el estado de emergencia y al mismo tiempo prometió reducir el precio de la canasta alimentaria. Fue poco y fue tarde; para mediados de diciembre era historia.

Cuando el derrocado presidente partía al exilio, The Washington Post se preocupó con la posibilidad de que “estemos viendo el comienzo de una segunda ola de protestas mundiales por los precios de los alimentos”. Ya sabemos que las cosas resultaron algo diferentes: disturbios en 2008, revoluciones en 2011. La pregunta es dónde ocurrirán los próximos eventos y qué serán.

De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

lunes, 7 de febrero de 2011

Fuerza Bruta

Por Eduardo Aliverti

No hay noticia políticamente más importante que el virtual lanzamiento de Mauricio Macri como candidato presidencial. Habrá quienes crean que sólo se trata de una formalidad, al entenderla como una decisión elemental y tomada hace tiempo, pero, en primer lugar, no es así. Y, en cualquier caso, deja las cosas más blanco sobre negro que nunca en términos de dónde pararse frente a un año electoral decisivo para el corto y mediano plazo de los argentinos. E incluso para el largo.

Como se recordó en estos días, Néstor Kirchner juzgaba obvio e inevitable que, más tarde o más temprano y crecientemente, el escenario político quedara circunscripto a una gran fuerza inclinada hacia la izquierda y a otra volcada para la derecha. A fin de evitar polémicas inútiles: estamos hablando de poderíos, figuras y candidaturas con chances de poder real, y no de estampas testimoniales. Con independencia del modo en que cada quien evalúe al ex presidente, los hechos estarían dándole la razón. El denominado “peronismo federal” ya pasó de la puerta del cementerio a los pies de su tumba, con Duhalde como mascarón de proa simbólico y algunos correveidiles que no terminan de decidirse a nada porque apenas los une, o unía, la bronca y el estupor ante el hecho heterodoxo del kirchnerismo. Elisa Carrió, segunda en los últimos comicios presidenciales y construida por gruesos sectores de clase media urbana como una outsider capaz de contener a sus inconformismos sempiternos, ha pasado a ser, definitivamente, un tema de evaluación psiquiátrica. Hace rato que no merecía ser justipreciada con parámetros de medición convencional, porque nadie se dedica a lo político-dirigencial para destruir todo lo que construye. Carrió hace animación mediática, no actividad política. Acaba de afirmar que la masividad del funeral de Kirchner fue montada por Fuerza Bruta. Se diría que no hay vuelta atrás para quien llega a ser corrido por izquierda por Mirtha Legrand, aunque podría argüirse que en la Argentina jamás se sabe. Hay más luego una incógnita, ya pulverizada esa otra construcción, periodístico-campestre, que es el Gardiner mendocino; y descartadas, se supondría, las probabilidades de otro cuyano, Ernesto Sanz, del que más o menos nadie tiene idea de quién es. ¿Hay todavía un voto radical histórico, gorila, maestro-ciruela, en condiciones de hacer entrar en las grandes ligas al hijo de Alfonsín y a alguna porción de ese Partido Socialista al que da pavura confiarle algo más que una intendencia? ¿Hay vuelta, objetivamente, de la imagen de no saber terminar un mandato, del fantasma del helicóptero, de haberse sufrido que sus carencias de liderazgo les impiden gobernar con el peronismo en contra, de no controlar sindicatos, de no conocerse qué diablos es en verdad la alternativa que ofrecen? Finalmente, para volver o seguir andando por postulaciones testimoniales, el neo-Carrió que es Pino Solanas (no por la expresividad ideológica, aclaremos, sino como representatividad quijotesca) resolvió ir por la testificación presidencial inviable y no por la probabilidad certera de gobernar la Capital. Pino no quiere gestionar. Quiere relatar. De modo que resignó el enchastre con lo probable a favor de la comodidad de lo imposible.

Por todos esos agujeros que dejan las opciones al kirchnerismo, Macri comunica que va él. Lanzó una secuencia de oraciones a la que no se prestó mayor atención, ni siquiera por parte de sus más conspicuos detractores. Dijo que va por todo. Dijo que Buenos Aires ya no le interesa porque si gana Cristina no aguantará otros cuatro años de no poder hacer nada, a repugnante contramano de aquello que afirmaba en su campaña: a la Capital le sobra la plata, decía en 2007, y no tiene por qué depender de nadie. Dijo que si le va bien, será presidente. Y que de lo contrario tendrá más tiempo para estar con Juliana, en la definición más pornográfica que el firmante recuerde acerca de cómo se interpreta la vocación política: ya fui presidente de Boca y ya goberné nada menos que a los porteños, así que sólo me queda la Presidencia de la Nación y de lo contrario me dedico a mi mujer y a los negocios que me deja mi papá. Toda una auténtica disposición al entendimiento de la política como servicio público. Que se arreglen entre Rodríguez Larreta y Michetti: si pierden es problema de ellos y no del desastre que fue mi gestión. La derecha peronista no tendrá otra variante que seguirme. Y eso trae tanto (eventual) respaldo de aparato como interrogantes porque, ay, ¿la hibridez de los radicales llegará hasta el punto de votar a un tipo que tiene detrás el apoyo de Duhalde & Cía? No importa. Si les gusta bien y si no, también, porque no tendrán otra en esa segunda vuelta que hoy es una quimera. Macri va por todo y está perfecto. Olfatea que, aun cuando el viento de cola de la macroeconomía le da al kirchnerismo y a la popularidad de Cristina una ventaja enorme, hay una porción de esta sociedad, muy significativa, que no quiere lola con experimentos de aroma zurdo. ¿Cuántos son los argentinos que a pesar de estar mejor que casi nunca, o precisamente por eso, quieren sacarse de encima la incomodidad de enfrentamientos con el Imperio, y a Madres y Abuelas en el balcón de la Rosada, y a los piquetes y a Moyano, y a que el Estado se meta en mi vida como si alguna vez hubiera habido más Estado que cuando la rata lo puso a disposición de sus agentes? ¿Cuántos serán esos argentinos que compran el país que les venden Clarín y sus acólitos? ¿Cuántos son los que creen que está amenazada la libertad de prensa, y que Guillermo Moreno es más perjudicial para su vida cotidiana que los grupos monopólicos? ¿Cuántos los que compran que estamos aislados del mundo? ¿Cuántos los pobres y la clase media a los que les parece que no es cuestión de cómo les va sino de cómo les dicen que les tiene que ir? ¿Y cuántos son los que, malhumorados o indignados por “la inseguridad”, serán capaces de ir atrás de un discurso represivo asquerosamente demagógico, cuya inutilidad completa se reveló una y mil veces? La cuenta que saca Macri es que todavía son muchos. Ha deducido, por pulsión de clase, o porque registra que cuanto mejor se está más miedo puede tenerse a perder alguna quintita, o porque tendrá a sus órdenes a la maquinaria mediática, que es todo o nada. La Presidencia o Juliana. Le llevó su tiempo, y por eso no es cierto que la decisión caía por su propio peso. Apuesta a que, a pesar de lo que se avanzó, ese componente reaccionario de la sociedad argentina es lo suficientemente grande como para ponerle una ficha, aunque pueda quedarse sin el pan y sin la torta.

Que el peronismo antikirchnerista no le garantice ni por asomo la presencia nacional de que carece; que si alcanza la segunda vuelta es dudosísimo su arrastre de voto radical; que no sólo carezca de equipo sino de partido o fuerza militante, directamente, son aspectos que Macri habrá tenido en cuenta, pero sin mayor quite de sueño. Después de todo, él no se metió en política para construir cosa alguna que no fuera un ámbito de negocios institucional, con el apoyo de las grandes facciones de poder económico y el favor de votos que pudiera brindarle la sucesiva defección de los partidos tradicionales. Hoy, ese proyecto tiene la traba de un oponente que suscita ora entusiasmo, ora apoyo por descarte ante la impresentabilidad del resto. Pero confía, o eso sugiere, en que si encarna al original más puro de la derecha, contra fotocopias, insulsos e indecisos, puede haber un espacio importante, y hasta ganador, desde el segmento de la Argentina tilinga, facha, individualista.

¿Tendrá razón Macri? Según la actualidad, no parece. Según la experiencia histórica, siempre hay un huevo de la serpiente dando vueltas. Esa es la auténtica fuerza bruta.

lunes, 10 de enero de 2011